Internet y la sobrecarga informativa: El empacho informativo crónico.

-He mirado Twitter, Facebook y Linkedin, he leído 10 diarios digitales y 14 blogs de actualidad pero no recuerdo nada relevante. Doctor ¿qué tengo?

-Empacho informativo crónico.

 

Nos llueven noticias cada segundo, leemos los “última hora” cada minuto, compartimos historias curiosas cada vez que tenemos un momento libre para entrar en la red social de turno y hacemos scroll por los diferentes agregadores de noticias sin posar la vista más de un instante en cada titular.

 

Sufrimos de intoxicación informativa.

“Datos, datos, necesito datos”.
cortocircuito

La amnesia. 

El robot Johnny 5 de la película Cortocircuito parecía vaticinar en los años 80 lo que ahora es una realidad. Estamos enganchados a la información, no podemos desconectarnos ni un momento de la ola de noticias y opiniones que conforman nuestro día a día. La marea informativa entra en nuestro cerebro casi a la misma velocidad que sale para ser sustituida inmediatamente por la siguiente ola a un ritmo frenético.

Probablemente mientras estéis leyendo este artículo, estéis también mirando vuestro smartphone y comprobando si os han retuiteado, o si os han escrito en Whatsapp. A lo mejor también vuestro gestor de correo electrónico acaba de hacer “clinck” notificando un nuevo email. Y ahora mismo acabáis de hacer una pausa en la lectura de este artículo para revisar todas esas notificaciones que os han llegado en los apenas 2 minutos que habéis tardado en leer estas líneas.

El exceso de datos lleva irremediablemente a la amnesia.

¿Por dónde íbamos? Ah, sí. Por el Lejano Oeste.

Ah no.

Esperad, que sí, que os iba a hablar del Lejano Oeste, pero es que me acaban de enviar un chiste por Whatsapp que tenéis que ver, es buenísimo:


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JAJAJAJA, SE LO REVIENTO. AJAJAJJJJJ, ¿A QUE ES BUEA ver, sigamos con el artículo.


Imaginad por un momento que vivís en el Lejano Oeste. Que pasáis vuestros días en uno de esos pueblos con arbustos rodantes, polvo y rudos cawboys refrescándose en el río semidesnudos y rudos cawboys.

El momento más emocionante de vuestras vidas sería el día de la llegada del Pony Express. Ese sistema de correo rápido con jinetes que cruzaban Estados Unidos de punta a punta y que “agilizó” la entrega de correspondencia antes de la llegada del telegrama.

Entrecomillo “agilizó” porque por aquel entonces, con el Pony Express, en “tan solo” 10 días podías tener en tu poder el correo e informarte de cómo iban las cosas por el mundo exterior.

¿Imagináis cómo sería la vida para una persona de nuestro tiempo, acostumbrada a la inmediatez informativa, en un remoto pueblo del Lejano Oeste?

Y haciendo un esfuerzo mental, ¿podéis imaginar cómo sería la vida de un ranchero del siglo XIX en el maremágnum de datos que nos rodea?

Lo tenemos claro, el ranchero perdería la cabeza. Porque sabemos, a poco que analicemos nuestras rutinas sensoriales, que la manera de empaparnos de actualidad que experimentamos a día de hoy no es la adecuada. ES EXCESIVA.

Tampoco hace falta irse tan lejos en el tiempo. Esas películas de tiros y persecuciones imposibles, frenéticas, con un ritmo de infarto que ahora mismo llenan la cartelera, contrastan con esos films antiguos en blanco y negro, de planos largos y conversaciones al borde de un lago que tanto disfrutaban cuando eran jóvenes nuestros abuelos.

La cantidad de datos que percibimos es infinitamente superior ahora que hace 50 años. Nuestro maltrecho cerebro procesa el bombardeo de estímulos pero por desgracia no tiene tiempo para analizar la información en profundidad porque, cuando se para a hacerlo, llega otra marabunta cargada de noticias de última hora.

¿Y qué hacemos entonces?

En cuanto salta una noticia, la leemos, la compartimos y hablamos sobre ella en las redes sociales. Nos encanta ser la primera persona de nuestro entorno en enterarse y publicarlo en el grupo de Whatsapp de nuestros colegas “Oye, ¿os habéis enterado de que Julio Iglesias tiene 25 hijos no reconocidos?”, “Oye, ¿sabéis que en Madrid han detenido a 100 personas imputadas por casos de corrupción? El tema da igual, lo importante para nosotros es COMPARTIR INFORMACIÓN, sea la que sea.

La manera de informarnos actualmente podría resumirse en esta secuencia infinita:

LEES – COMPARTES – COMENTAS – OLVIDAS – LEES – COMPARTES – COMENTAS – OLVIDAS – LEES – COMPARTES… 

Y si no, haced una prueba:

Pensad en las noticias que leísteis ayer por ejemplo en el famoso agregador Menéame.

¿Recordáis alguna en especial? no, ¿verdad? y seguro que, aparte de las noticias mil veces publicadas por los medios sobre política y corrupción, leísteis algo sobre 14 fails en concursos de televisión o vísteis que habían descubierto una momia en la azotea de la Universidad Complutense de Madrid.

Ambas noticias, por poner unos ejemplos de datos almacenados en nuestra memoria y que hemos olvidado casi al instante, han pasado sin pena ni ni gloria por nuestro cerebro tras haberlas leído y haberlas compartido. ¿O no es así?

 

La apatía mental. 

Lo peor no es la amnesia.

Lo peor es que sufrimos tal bombardeo sensorial, de todo tipo, que ya casi no nos afecta nada. Estamos sumidos en un letargo producido por este empacho informativo crónico. Una apatía producida por el exceso de datos que nos adormece el cerebro y nuestra respuesta a los estímulos es cada vez menor. 

Por ejemplo:

Una persona poco acostumbrada a salir de casa podría angustiarse y pensar durante horas en cualquier anécdota, por más insignificante que fuera, que le pasase en la calle; perder el autobús, mojarse al ir sin paraguas… convirtiéndose en algo muy importante sobre lo que reflexionar.

Sin embargo una persona habituada a salir de casa a diario, no daría importancia a este tipo de acontecimientos y los olvidaría casi al instante al ser eventos que se repiten en su vida casi todos los días.

Nuestra realidad es como este segundo ejemplo. Estamos tan acostumbrados a este bombardeo cerebral que respondemos con apatía mental. Tragamos información pero no la digerimos. Somos como pavos destinados al engorde, cebados con datos que compartimos sin ni siquiera hacer una valoración preliminar.

 

El idiotizamiento social. 

¿Habéis oído hablar del Grupo Prisa?

Dentro de esta asociación de empresas multimedia se encuentran medios de comunicación tan conocidos como el diario El País, el periódico deportivo AS o el diario Cinco Días. También encontramos a la emisora de radio Cadena Ser y a Canal + incluso a las editoriales Alfaguara y Santillana.

¿Que por qué os cuento esto?

Porque si el Grupo Prisa quiere que te enteres de algo, TE VAS A ENTERAR.

Ya sea por aire, tierra o mar, pero enterarte, seguro que te enteras. Y además, DE LA MANERA QUE ELLOS QUIEREN QUE TE ENTERES, es decir, de manera superflua y poco relevante pero, atención: y subrayo esto,  EN GRANDES CANTIDADESCientos de tuits con el mismo titular, docenas de charlas en la radio, un montón de tertulias sobre el mismo tema redundando una y otra vez sobre la misma idea. ¿Y todo para qué? para saturar tu cerebro, para provocarte una intoxicación sensorial y hacer que te hundas en la siesta de aquel que ha comido mucho, pero nada que realmente le haya alimentado.

Supongo que os estará costando leer este post, por la extensión del mismo y porque estamos acostumbrados a otro tipo de comunicación:

La cultura del tuit.

Cuánto amamos esta red social y cuánto daño está haciendo a nuestra capacidad de concentración.

Nos cuesta prestar atención a textos más largos de 140 caracteres, queremos ingerir resúmenes, palabras clave con las que darnos por enterados. Nada más. Y muchos lo sabemos, y por eso colocamos en negrita las ideas principales en las entradas de nuestros blogs. Para que los demás podáis leerlas, compartirlas, decir “oh, qué entrada más interesante” y pasados unos minutos, poder olvidarlas sin ningún tipo de pesadumbre. 

Para finalizar, un tuit mío:

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 Responses

  1. aurynstudios dice:

    Reblogueó esto en Auryn Studios y comentado:
    Interesante entrada!

  1. noviembre 23, 2014

    […] aurynstudios on Internet y la sobrecarga infor… […]

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