Cómo afrontar la llegada de un segundo gato y no morir en el intento.

Muchos de mis followers sabréis que desde hace unos cuatro años convivo junto con un precioso gato de nombre Klaus (o Sito, como le gusta a él que le llamen). Lo adopté en A.P.A SOS Bilbao cuando tenía unos 5 meses sin saber muy bien lo que era tener un gato porque en mi casa nunca hubo animales excepto un jilguero muy bonito, Caruso se llamaba.

Klaus

Han sido cuatro años en los que no me he arrepentido en ningún momento de haber adoptado a Klaus. Es un gato buenísimo, muy asustadizo pero noble y formal. Durante todo este tiempo me ha dado calor en invierno y calor en verano y ha sido motivo de más de mil sonrisas e incluso carcajadas cuando hacía esas cosas bobaliconas que tanta gracia suelen hacer a la gente de LA INTERNET.

Klaus 3

Foto: Klaus haciendo lo que mejor se le da, dormir.

Robin

Hace unas tres semanas, volvía a casa del trabajo como cualquier día cuando justo llegando a mi portal, debajo de un arbusto, me encontré un gatito (que resultó ser gatita) de apenas dos meses. Estaba jugando con una pelota de papel y me acerqué. La gatita no se asustó ni huyó, vino hacia mí como si me conociera de toda la vida. Así que no tuve más remedio que cogerla en brazos y subirla a casa a darle algo de comer.

Los primeros días de convivencia

Ya en casa, y tras haber encerrado a Klaus en una habitación para que no se pusiera nervioso, le di pienso y agua y comió como si no hubiera nada más en la vida que ese plato de comida. Tras las obligatorias visitas al veterinario y al confirmarme que la gatita estaba sana, dedidí quedármela y llamarla Robin.

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Foto: Robin pareciendo formal.

El primer paso que tuve que dar fue dejarla unos días aislada de Klaus, puesto que suele ser muy violento un “encontronazo” directo en una casa que la pequeña no conoce y con el peligro de que el gato “residente” pueda tomar a la gata como una intrusa, pudiendo perjudicar esto a la relación posterior entre los dos.

Acomodé la habitación de los trastos con una caja de lechugas del Mercabilbao, una mantita, dos cuencos para agua y comida y una caja improvisada como cajón de arena. Ahí pasó sus primeros días mientras los dos, cada uno a un lado de la puerta, se olisqueaban y se preguntaban qué demonios habría al otro lado. Fui cambiando de vez en cuando las mantas de cada uno a la camita del otro para que fueran acostumbrándose poco a poco a los nuevos olores y tras una semana de esta guisa, un buen día, pensé que ya estaban preparados para dar otro paso más.

Metí a Robin en el transportín y dejé que Klaus se acercara a olerla y a verla a través del chisme, así estuvieron, oliéndose y viéndose un buen rato bastante sorprendidos, más tarde volví a cerrar la puerta y a dejarles a cada uno en su lado correspondiente.

Este proceso lo repetí varios días hasta que al fin, me atreví a abrir el transportín.

La Tercera Guerra Mundial

Igual no me creéis si os digo que ha sido una de las cosas más estresantes que he vivido, de verdad, supongo que aunque dependa de la personalidad de los gatos, todos los que tenéis más de un pequeño felino en casa entenderéis perféctamente a qué me refiero.

Bufidos constantes, carreras interminables sin ningún tipo de control, mordiscos aparentemente aparatosos y sobre todo, una gata de dos meses con ganas de jugar las 24 horas del día con todos los objetos a su alcance incluyendo la cola de Klaus.

Cada vez que me iba a dormir, o me iba de casa, la volvía a meter en su cuarto de aislamiento para no dejarla sola con su nuevo compañero y así evitar males mayores.

Por cierto, la mejor técnica que he encontrado para separar a dos gatos que se quieren matar ha sido una pistola de agua. Con ella se separan rapidísimo y van aprendiendo que si se pegan les va a caer un chorro de agua fría en el lomo que no les va a hacer ninguna gracia.

La tregua

Poco a poco, las cosas se han ido tranquilizando. Robin lleva ya tres semanas en casa y Klaus parece que la ha aceptado, la lame y le ha cedido su sitio de dormir, tampoco le importa que coma de su cuenco de vez en cuando. Hace unos días que decidí dejarles juntos mientras no estoy en casa y cuando duermo, cierro la puerta de mi habitación y ellos se quedan fuera sin armar jaleo. Eso sí, de pronto, cuando más relajada estás, empiezan a correr y a pelearse como el primer día, sin saber por qué, todo un misterio que imagino se irá resolviendo poco a poco.

Ya comen juntos y usan la misma caja para la arena, aunque todavía les cuesta dormir cuando están cerca, observan todo lo que ocurre a su alrededor.

KR

Foto: Klaus y Robin vigilando por si les cae una golosina de salmón.

Si habéis decicido adoptar un segundo gato, mi consejo principal es que os arméis de paciencia. Que no tengáis prisa, sigáis atentamente los pasos que os marcan webs de ayuda gatuna y bajo ninguna circunstancia dejéis sueltos a los dos animales durante los primeros días de convivencia.

Al final, podréis contemplar escenas tan bonitas como esta:

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Foto: Amor

 

 

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3 Responses

  1. Black dice:

    :3 no comentas el hecho de que Klaus se haya metido el solito en la nave espacial… ¡¡¡increíble!!!
    Maullidos para todos!

  2. bimba dice:

    Nosotros hemos vivido exactamente lo mismo hará cosa de dos meses, pero merece la pena, ahora son inseparables y a mi se me cae la baba al verlas! Por cierto, no pueden ser más bonicos tus gatos!!

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